PRESENTACIÓN


A estas altura de la vida y abusando de las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, me ha parecido que podría ser interesante abrir un hilo de conversación con quienes estén interesados en hablar de aquellos temas que, como hombres, nos preocupan, pero no es frecuente que lo hagamos con naturalidad, con confianza y sin tensión.

Esto significa que aquellos temas sobre los que suelen girar las conversaciones con otros hombres (fútbol-deporte, política, trabajo, aficiones, mujeres, etc), no van a ser tratados en este blog. Mi pretensión es que, aprovechando la características que los nuevos medio de comunicación poseen, podamos expresar sentimientos, inquietudes, preocupaciones y reflexiones sobre lo que significa y conlleva ser hombre en nuestro medio y época.

En nuestro medio y en este momento histórico, caracterizado por la mecanización, informatización y robotización de la producción, el desarrollo de los sistemas de protección de la salud, dependencia, defensa y la aceptable satisfacción de las necesidades básicas, ha tenido lugar un cambio revolucionario con la incorporación de la mujer al papel sustentador, al trabajo remunerado fuera de casa, a la tareas de defensa y a la propia sexualidad. Lo que le permite autonomía e independencia, que le lleva a desarrollar un nuevo rol social en igualdad con la función que, hasta ahora, venia reservada al hombre y a establecer unas relaciones simétricas entre sexos. Situación esta que, como hombres, nos sume en un nuevo marco de relación hombre/mujer, nos exige resituarnos en el medio social y nos impele a intervenir en ámbitos hasta ahora reservados al papel femenino, como son las tareas del hogar y los cuidados familiares. 

Este cambio no está exento de tensiones debido, desde mi punto de vista, a que nos genera inseguridad, por la ausencia de modelos previos para el papel que hemos de desempeñar hoy, y conflicto, en cuanto hemos de afrontar  responsabilidades en el ámbito privado, que requieren el desempeño de funciones, hasta ahora, identificadas como propias del genero femenino, que son vividas como cuestionamiento de la propia identidad sexual. Conflicto también cuando aplicamos viejas pautas de comportamiento inadecuadas para abordar la situación de pérdida del monopolio en el ámbito público.

La superación de esta crisis requiere, de un lado, que abordemos este proceso, no como una pérdida de privilegios, sino como una oportunidad de desarrollo personal y conquista de espacios hasta ahora vetados por una distribución rígida de tareas en función del sexo. Lo mismo que ya accedemos al mundo de la estética, la moda, los cosméticos, nos depilamos y nos teñimos, sin temor a ser cuestionados en nuestra virilidad, es el momento de acceder a nuestras emociones, cultivar nuestra intimidad, acceder a los espacios personales y cultivar la confidencialidad y la complicidad entre hombres, para abordar esta tarea que, hasta ahora, cada uno vivimos en solitario, pensando que es un problema que solo nos pasa a nosotros porque no respondemos al modelo masculino requerido,  dando las respuestas, a veces violentas, a veces inadecuadas, que podemos. Por otro lado, es preciso que aceptemos la realidad de que las funciones de protección y sustento ya son compartidas y que su desempeño no va a ir ligado al sexo sino a la capacidad y habilidad que cualquier persona muestre para el desempeño de esas tareas.

Estos objetivos cuentan con un gran obstáculo, que es la dificultad del hombre para establecer relaciones de confidencialidad con otros hombres sobre sentimientos y temas íntimos. Situación que tiene su raíz en la construcción de la identidad masculina como la negación en sí mismo  y en el desempeño social de todo lo que se identifica con femenino, junto con la asociación masculina entre intimidad y contacto sexual. La masculinidad como negación de la feminidad y la intimidad como preludio del contacto sexual conllevan que la confidencialidad emocional entre hombres es sospechosa de una actitud femenina, por lo que se rechaza intimar con otros hombres como defensa frente a la sospecha de homosexualidad.  Este distanciamiento emocional entre hombres y la consideración de los sentimientos como debilidades que exponen a quien los expresa, porque lo hacen vulnerable ante quienes pueden utilizarlos en su contra, genera la negación a indagar sobre nuestras emociones y es lo que esta en el origen de la  impericia del hombre para identificar y expresar los propios sentimientos.  Por ello, en general, nunca hemos obtenido el punto de vista de otros hombres sobre temas íntimos sentimentales, salvo cuando hemos tenido que acudir al psicoterapeuta.

Romper ese prejuicio es un proceso que debemos llevar a cabo con el diálogo, el ejemplo, el trabajo  y el apoyo mutuo entre nosotros los hombres. Esta reubicación en el contexto actual nos permitiría avanzar en la construcción de un nuevo modelo masculino liberador y útil para enfrentarnos a los requerimientos que la nueva situación nos plantea. 

En principio los temas que me propongo abordar en el blog son los que tienen que ver con la construcción de la masculinidad, en las funciones básicas en las que se sustenta el modelo, el sustento (nuestra relación con el trabajo, su pérdida, la jubilación) la procreación (como vivimos el sexo y sus disfunciones, climaterio masculino, etc) y la protección (la asunción del riesgo, el precio de la masculinidad, gestión de la agresividad), la conquista de los espacios domésticos (la relación con los hijos, cuidados familiares, gestión de lo privado) y aquellos temas que surjan a raíz de la vida que pudiera cobrar este medio de comunicación.



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